martes, 8 de julio de 2008

EL “SÍNDROME DE CHINA” SE EXTIENDE POR AMÉRICA LATINA


Luis Esteban González Manrique

La visita del presidente brasileño, Luiz Inácio “Lula” da Silva a China, en mayo de 2004, acompañado de nueve ministros y una comitiva de cuatro centenares de empresarios de los sectores alimentario, químico, construcción, maquinaria, servicios y aviación es ilustrativa de la creciente importancia que ha adquirido el gigante asiático para América Latina.

Pero el “síndrome de China” es especialmente agudo en Brasil, un país que representa la mitad del PIB sudamericano: el gigante asiático es ya el segundo mayor mercado para sus exportaciones y Brasil es, a su vez, el mayor socio comercial de China en América Latina, con un intercambio comercial de 6.680 millones de dólares en 2003. Sólo en el primer trimestre de este año, esa suma alcanzó los 2.195 millones de dólares. En 2003 las exportaciones brasileñas a su mercado aumentaron un 153%. Brasil espera que sus exportaciones a China lleguen a 5.000 millones de dólares en 2004.

El voraz apetito chino de materias primas ha sido una bendición para la endeudada economía brasileña y especialmente para sus productores de soja, hierro y acero, que suman las dos terceras partes de sus exportaciones. En Brasil, la Companhia Vale do Rio Doce (CVRD), el mayor productor mundial de hierro, ha visto aumentar sus ventas a China un 33% al año entre 1998-2002, convirtiéndose en su principal cliente.

Ahora CVRD acaba de constituir un joint-venture con la compañía china Shanghai Baosteel Group Corp. para construir dos plantas siderúrgicas en Brasil, con una capacidad productiva de 4 millones de toneladas de acero al año, para lo que invertirá 2.000 millones de dólares en el estado de Maranhao, en una de las mayores inversiones de una empresa china fuera de su país.

Pero casi no existe ningún sector económico que no haya sentido –para bien y para mal– el empuje del dinamismo económico chino. Pocos factores gravitan tanto en las negociaciones sobre el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) como la alargada sombra de China en la mesa de negociaciones. Según el secretario general de la Organización de Estados Americanos, César Gaviria: “El temor a China está flotando en el aire. Es un desafío, no sólo en el área de mano de obra barata, sino también en tecnología y atracción de inversión extranjera.”

Según la CEPAL, en 2003 la inversión extranjera directa (IED) al conjunto de la región descendió en un 19%, hasta los 36.700 millones de dólares, frente a los 55.000 millones que atrajo China. En 1998 la IED a América Latina fue de 88.000 millones de dólares.

El representante de Comercio de EEUU, Robert Zoellick, ha advertido a los brasileños que sin el ALCA correrían el riesgo de ser barridos por China en el mercado de EEUU. De hecho, la CEPAL atribuye la caída de la IED al fracaso de Brasil y México en mantener su atractivo como destino privilegiado de las inversiones de las multinacionales: México pasó de 14.400 millones de dólares en 2002 a 10.700 en 2003 mientras Brasil bajó a 10.100 millones, un 40% menos que en 2002.

El boom de las materias primas

Después de casi más de una década de declive, los precios de todo tipo de materias primas han experimentado en los últimos doce meses un considerable aumento gracias, en gran parte, a China: sus importaciones de petróleo crecieron un 30% en 2003, las de cobre un 15% y las de níquel se duplicaron. Según el Asian Development Bank, el gigante asiático es hoy el mayor consumidor de cobre, estaño, zinc, platino, acero y hierro y uno de los mayores importadores de aluminio, plomo, níquel y oro: en 2003 consumió el 50% del cemento mundial, el 30% del carbón, el 36% del acero y el 25% del aluminio y el cobre.

Como resultado, los precios del acero, el platino, el cobre, el hierro, el aluminio y el níquel están en sus niveles más altos en muchos años. El índice de precios industrial-commodity del Economic Intelligence Unit que rastrea las variaciones en una cesta de minerales refinados de la London Metal Exchange ha subido un 30% desde enero de 2002. El oro, hoy en torno a 400 dólares la onza, se ha convertido en la primera exportación del Perú. Según la Sociedad Nacional de Minería del Perú, las exportaciones de minerales en el primer trimestre produjeron 1.500 millones de dólares, un 52,3% más que en el mismo periodo del año pasado. La subida del estaño aumentó en un 27% en 2003 los ingresos de Bolivia por ese metal.

Por su parte, la subida del cobre –con un precio medio de 0,80 dólares la libra en 2003 y de 1,34 dólares en lo que va de año– ha hecho que Codelco, la empresa cuprífera estatal chilena, haya anunciado que aumentará su producción un 13% este año con una inversión de 1.400 millones de dólares, dado que prevé que la demanda aumentará este año un 6,6% y un 4,9% en el próximo. En 2003 sus ventas totales fueron de 3.800 millones de dólares. China ha multiplicado por seis su demanda de cobre desde 1990. Hoy Chile y China negocian un acuerdo de libre comercio. El año pasado su comercio bilateral alcanzó los 3.290 millones de dólares, un 35% más que en 2002, con las exportaciones chilenas creciendo un 52% y las de China un 17%. Todo ello se ha reflejado en los menores índices de inflación en 70 años, las más bajas tasas de interés de la región y un crecimiento previsto del 5% para este año.

Incluso la frágil economía ecuatoriana obtendrá este año un superávit comercial de 800 millones de dolores, tras un déficit de 94 millones en 2003, gracias a la entrada en funcionamiento de un nuevo oleoducto transamazónico, lo que permitirá al gobierno equilibrar la balanza de pagos. La subida del café a 0,79 dólares la libra, frente a los 0,65 de media de 2003, ha ayudado también a las economías colombiana y centroamericana.

Una complementariedad ejemplar

La agroindustria –uno de los sectores en los que Mercosur es especialmente competitivo– es una de las claves de las relaciones bilaterales por la complementariedad existente en ese campo entre ambas economías. Desde 2002, como consecuencia del desarrollo urbano, China ha perdido más de 35.000 kilómetros cuadrados de terreno agrícola. Y China debe alimentar a 1.300 millones de personas disponiendo sólo del 7% del terreno arable del mundo.

Según el departamento de Agricultura de EEUU, la producción china de arroz, maíz y trigo disminuyó hasta aproximadamente las 401 millones de toneladas en 2003, un 18% menos que en 1998, el año de mayor producción, cuando fue exportador neto de cereales. Pero en 2003 consumió 40 millones de toneladas más de grano de las que produjo. En 2004, por primera vez en cinco años, importará trigo.

En comparación, en 2003 las exportaciones agrícolas reportaron a Brasil 23.000 millones de dólares: el sector representa ya el 30% del PIB y el 40% del empleo del país si se suma la agroindustria y la fabricación de maquinaria agrícola. El país utiliza hoy sólo el 8% de sus 851 millones de hectáreas para la agricultura. Si se dejan al margen los bosques amazónicos, las reservas indígenas y áreas urbanas, Brasil tiene aún 106 millones de hectáreas de tierra fértil sin utilizar, el mayor potencial agrícola del mundo. Según el premio Nobel Norman Borlaug, que ha realizado un estudio sobre el asunto para el ministerio de Agricultura brasileño, el uso de nuevas tecnologías y una mejor distribución de la propiedad de la tierra convertirá a Brasil en el primer productor agrícola mundial en los próximos años. Brasil y Argentina ya representan el 50% de la producción mundial de soja. En Brasil los cultivos de soja han crecido por quinto año consecutivo, mientras que la demanda china se ha duplicado desde 2002, un 70% de la cual la satisface Mercosur.

En esas condiciones, los países de Mercosur son los mejor situados para “alimentar al dragón”. A cambio, esperan que para garantizar su suministro, China contribuya a financiar puertos, ferrocarriles y carreteras –incluidas redes transoceánicas hacia el Pacífico, hasta puertos del Perú y Chile– para abaratar y reducir el tiempo de transporte a los puertos chinos.

En Argentina, con el trigo a 137 dólares la tonelada, el gobierno de Buenos Aires prevé que sus exportaciones agrícolas alcanzarán este año la cifra récord de 17.000 millones de dólares, un 7% más que en 2003, cuando los aceites vegetales, los granos, la carne, la fruta y el vino representaron el 54% de las exportaciones totales, de 15.600 millones de dólares. En 2003 Argentina obtuvo 2.370 millones de dólares por exportaciones de soja.

En el sector de la energía ocurre algo parecido: China representará en 2004 la mitad del aumento de la demanda mundial de crudo y es ya el segundo consumidor mundial de petróleo después de EEUU con seis millones de barriles diarios, más del doble de la producción actual de Venezuela. Según el departamento de Energía de EEUU, el consumo energético de China crecerá un 4,3% al año hasta 2020, un ritmo cuatro veces mayor que el de EEUU o de la Unión Europea, una de las causas que explica la actual escalada de los precios del crudo.

Aunque China depende sobre todo de Oriente Próximo para su suministro de crudo, está intentando diversificar sus fuentes en Rusia, los países del Asia Central y el Caspio, Indonesia y América Latina. Venezuela y México, los principales productores petroleros de la región, son los que más se han beneficiado del alza de los precios del crudo. En Venezuela el alto del precio del petróleo ha dado al gobierno de Hugo Chávez un amplio margen para financiar el gasto social –y el clientelismo del gobierno– y estimular la economía, que se recuperará este año después de varios años de recesión.

En México, la petrolera estatal Pemex reportó exportaciones récord en 2003: 1,84 millones de barriles de crudo diarios, un 8% más que en 2002, que generaron ingresos brutos de 17.000 millones de dólares. Este año la compañía invertirá 10.000 millones de dólares en exploración y producción. Después de un crecimiento del PIB de apenas el 0,7% en 2003, las previsiones sobre el precio del crudo han hecho que el gobierno anticipe un crecimiento de la economía del 3% para 2004.

Las cifras del gigante

La preocupación para los analistas es que todo ello se trate de una burbuja pasajera como las que ha conocido repetidamente la región en toda su historia económica en torno al azúcar, el café o el caucho. Pero la creciente dirección de las exportaciones a Extremo Oriente representa una bienvenida diversificación de sus mercados comerciales, lo que permite esperar que ésta vez el auge sea sostenible.

Mucho dependerá de que el propio crecimiento chino también lo sea, algo que pocos analistas ponen en duda a pesar de eventuales desaceleraciones, las fallas estructurales de sus sistemas productivo y financiero e incluso de las turbulencias políticas. En 2015 la población urbana de China, que es hoy del 32%, representará el 50% de la población, lo que abre la posibilidad de que China crezca al 9% anual hasta 2020, cuando podría superar el PIB de EEUU y concentrar el 50% de la producción manufacturera mundial.

China está ya a punto de superar a Japón como segunda potencia comercial y en una década más podría equipararse a EEUU y la Unión Europea. Sus reservas de divisas, de 400.000 millones de dólares, son las segundas del mundo, después de las de Japón. Según un reciente informe sobre mercados emergentes del banco de inversiones Goldman Sachs –Dreaming with Brics: The Path to 2050–, en 2050 China, si se cumplen sus previsiones, será la primera economía mundial con un PIB de 44,45 billones de dólares, seguida por EEUU (35,16), India (27,80), Japón (6,67), Brasil (6,07), Rusia (5,87), Reino Unido (3,78), Alemania (3,60) y Francia (3,15). En términos del PIB medido en dólares, China podría superar a Alemania en los próximos cuatro años, a Japón en 2015 y a EEUU en 2039.

En ese contexto, la asociación comercial entre Brasil, Rusia, India y China (cuyas iniciales forman el acrónimo ‘BRICs’) tiene una lógica contundente. Si hasta 2050 Brasil crece a una media anual del 3,5%, superará a Italia en 2025, a Francia en 2031 y a Alemania y el Reino Unido en 2036. Por ello Lula habla de la “afinidad de pensamiento” entre los BRICs sobre la necesidad de crear “una nueva geografía del comercio mundial”.

Los autores del estudio de Goldman Sachs, Dominic Wilson y Roopa Purushothaman, han introducido en sus cálculos variables como el cambio demográfico, la acumulación y el movimiento de capitales, el aumento de la productividad y el impacto de los tipos de cambio en la capacidad de consumo y la inversión. Las estimaciones de Goldman Sachs se ven corroboradas por los precedentes históricos: entre 1955 y 1985 el PIB de Japón se multiplicó por 8 –desde bases iniciales de renta per cápita no muy diferentes a las de algunos de los BRICs– y la producción industrial lo hizo por 10.

La principal locomotora de ese proceso virtuoso será China. Desde 1995 sus importaciones han crecido a un ritmo dos veces más rápido que el de EEUU y ya es el tercer importador mundial después de EEUU y Alemania. Hoy un 75% de la IED a Asia se dirige a China. Sus ventajas comparativas son múltiples: una casi ilimitada oferta de fuerza laboral cualificada con costes cuatro veces inferiores a los de México; plataformas de producción de creciente poder tecnológico y la ausencia de riesgo cambiario.

Como resultado, las exportaciones totales chinas se han multiplicado por ocho –hasta los 380.000 millones de dólares– entre 1990 y 2003, un 6% del total mundial, cuando eran un 3,9% en 2000. Según el Banco Mundial, un 17,5% del crecimiento de la economía mundial en 2002 correspondió a China. Según Volkswagen Asia-Pacific, fabricar un automóvil en China cuesta hoy un 16% más que en Alemania pero esa diferencia terminará en 2006, cuando podría pasar a ser el tercer fabricante mundial después de EEUU y Japón.
Ganadores y perdedores

Como en cada ocasión en que ha irrumpido un gigante comercial en el escenario económico mundial, ésta vez también habrá ganadores y perdedores. Las mayores víctimas del ascenso de China son sus competidores en la cadena de producción de tecnología media y baja. El título de un reciente informe de Goldman Sachs (Los efectos agridulces de China en América Latina) subraya esa ambivalencia.

México –que ha sido sobrepasado por China en 2003 como segundo mayor exportador a EEUU– es el país de la región que más está sintiendo ese impacto con la caída de sus exportaciones a EEUU, además del traslado de 300 maquiladoras hacia China, donde el coste de la electricidad es dos veces menor. El mercado de la ropa en EEUU está ya dominado en un 12% por textiles chinos y podría llegar al 30% una vez que se eliminen las cuotas actuales.

Muchas de las ventajas para México del tratado de libre comercio de América del Norte (Nafta) se han desvanecido. Según una investigación del Credit Suisse First Boston (CSFB), la competencia china le ha costado a México 9.100 millones de dólares en exportaciones (un 1,5% del PIB). En 2003 las exportaciones mexicanas perdieron cuota de mercado en EEUU por primera vez desde 1986: en 2003 las exportaciones chinas captaron un 73% de la cuota de mercado del sector industrial de EEUU, mientras que las mexicanas lo hicieron en un 43%.

En los últimos cinco años, esa proporción ha crecido un 30% para las exportaciones chinas mientras que las mexicanas lo han hecho sólo en un 6%. El sector de componentes de ordenadores y accesorios informáticos mexicano es el que más ha perdido terreno a favor de China en EEUU (1.300 millones de dólares) y en televisiones y equipos de video otros 710 millones. México ha perdido 500.000 puestos de trabajo en la industria manufacturera desde 2002.

En textiles la situación es incluso más grave. La liberalización del mercado textil a partir del 1 de enero de 2005, cuando expire el acuerdo multifibras de la Organización Mundial de Comercio, que supondrá el fin del sistema de cuotas vigente desde 1974, hará que China se erija como el líder mundial indiscutido: actualmente importa el 80% de las máquinas textiles del mundo y podría acaparar pronto el 45% de un mercado mundial que mueve 500.000 millones de dólares anuales.

Un obrero textil chino gana una media de 73 dólares al mes, frente a los 102 dólares de uno dominicano. Como resultado, EEUU puede perder 500.000 puestos de trabajo en esa industria, prácticamente su totalidad, y los países latinoamericanos, africanos y del sureste asiático otros 30 millones de empleos. Pero ya es demasiado tarde para restablecer las cuotas, que sólo prolongarían lo inevitable.

La industria textil mexicana vende unos 16.000 millones de dólares anuales (un 7% del PIB manufacturero) y emplea al 18% de los trabajadores fabriles. Entre 1994 y 2000, por el efecto de las maquiladoras y el Nafta, el número de trabajadores del sector se duplicó, desde los 306.000 a los 749.000 empleados. La propia balanza comercial de México con China es deficitaria. Y donde podría competir por su cercanía al mercado estadounidense, como en servicios como los “call-centres”, no lo puede hacer por la escasa cantidad de mexicanos que hablen fluidamente inglés.

La prescripción de Sebastián Edwards, economista chileno de la Universidad de Los Ángeles, para que la región enfrente ese desafío es sencilla: si quiere exportar algo más que materias primas a China, tendrá que añadir valor a sus exportaciones. Brasil ha seguido ese consejo, combinando los productos agrícolas con los aviones de Embraer, el mayor fabricante mundial de aviones de mediano tamaño, que hoy construye en China en un joint-venture sino-brasileño. Con la visita de Lula a China, Brasil espera promover también la penetración en su mercado de muebles, cosméticos y equipos médicos.

En gran parte el desafío chino es educativo: mientras en China se gradúan en las universidades cada año 300.000 nuevos ingenieros, en México el 51% de los estudiantes siguen carreras de ciencias sociales y humanidades, mientras sólo el 28% estudia ingeniería, física o matemáticas. En las mayores universidades de Brasil, esas cifras son del 52% y del 17% respectivamente. En Argentina el 40% de los universitarios están matriculados en derecho, sociología, psicología y filosofía, mientras únicamente el 3% estudia ciencias exactas.

Mientras México mejoró su competitividad en áreas específicas, China lo hizo mucho más rápido en capacitación de sus trabajadores, infraestructuras, logística, electricidad, gestión administrativa, tecnología y control de calidad. Y México está desarrollando una estrategia para suministrar a China las materias primas que su industria necesita mientras que en el Congreso están paralizadas las reformas del sistema energético para abrir el sector a la inversión extranjera.

Por otra parte, las mayores cautelas del informe de Goldman Sachs sobre los BRICs están centradas en Brasil: en los años 90, la media de inflación brasileña fue del 548% y el déficit fiscal del 21,12% del PIB, frente al 8% de inflación y 2,3% de déficit fiscal de China. Brasil no ha estado creciendo en los últimos años en los niveles de los demás BRICs. El sector comercial chino es ocho veces mayor que el brasileño mientras su tasa de ahorro es del 18% del PIB frente al 36% de China.

Conclusiones

La emergencia de China como gran potencia económica mundial marcará en buena parte el futuro de la economía latinoamericana en las próximas décadas. El riesgo es que la dependencia respecto al mercado chino haga a la región vulnerable a sus cambios cíclicos, sobre todo ahora, cuando aumentan los indicios del recalentamiento de su economía. Las cifras oficiales chinas señalan un crecimiento del 9,9% en 2003 con una inflación del 10%.

La excesiva inversión en activos fijos –un 43% en el primer trimestre– y la burbuja inmobiliaria en ciudades como Pekín y Shanghai han hecho crecer el temor de que se aproxime un aterrizaje brusco de la economía china. En las actuales circunstancias, las turbulencias que ello provocaría se dejarían sentir desde São Paulo a Caracas. De hecho, los precios de las materias primas, aunque todavía altas, cayeron en abril debido a las previsiones de una desaceleración del crecimiento chino. En la bolsa de São Paulo, por ejemplo, las siderúrgicas bajaron un 15% en abril por las noticias que venían de China.

Sin embargo, todo ello palidece en relación al potencial de crecimiento que representa el mercado chino en los sectores más competitivos de las economías latinoamericanas. El reto para la región es aprovechar el aumento de sus ingresos por exportaciones para invertir en los campos en los que se jugará el futuro de sus economías: formación de capital humano e inversiones en tecnología e infraestructuras que permitan añadir valor a sus exportaciones.

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